jueves, febrero 16, 2006

Raros negativos

¿Seremos los mismos después de tanto tiempo? ¿Cambiará el enemigo o cambiaremos nosotros?
¿Ya cambiamos?
Claramente el problema es La Justicia, El Derecho, difícil matrimonio, sociedad, comunión de intereses.
No me gustan los abogados, es preferible no tener que entrar en ese mundo. Es insalubre trabajar de abogado en Argentina, todo es un nudo debajo de una mesa, adentro de un cajón, en el olvido de un armario que se masticó el agua.
Son actores, los abogados son actores. ¿Cómo sostendrá el personaje Strassera? ¿Recordará aquel juicio? ¿Recordará la admiración de nuestra mirada cuando fué fiscal? ¿Se dará cuenta que nuestra mirada ahora es de asombro de desilución de...?
¿Tendrá la respuesta de cómo defender lo indefendible? ¿Le hará falta decir que si antes no tuvo miedo, no les va a temer ahora, a los padres de Cromagnon? ¿Y por qué tendría que temerles? En todo caso podría comprender que un padre al que se le murió un hijo a veces pierda la calma, a veces esté loco, a veces quiera arrancar con los dientes días hacia atras, hacia núnca más. ¿Podrá comprender? Es difícil saber después de tanto tiempo si las personas son las mísmas.
¿ Strassera, es el mísmo que fué fiscal en el juicio a los militares asesinos? ¿ El, lo sabrá?

Un bonsái para el Gobierno de la Ciudad


Tengo un embeleso particular por los árboles, recuerdo un primer árbol, un árbol de moras que estaba en Chivilcoy y Moscóni en Villa Devoto.

Volvía de la escuela y aun con el guardapolvo puesto me trepaba a comer buscando ese sabor tan especial, las moras saben como besos rápidos, tibios,

robados, besos de puta, de vecina, de prima.

Tal vez ese es el primer árbol, el que después se fue convirtiendo en otros. ¿Cuántos árboles miramos, tocamos, conocemos en nuestra vida? No se los nombres científicos y a veces tampoco el vulgar, eso me molesta, me gustaría distinguirlos, solo reconozco los sauces, el palo borracho y el alcornoque o el de corcho que conocí en el INTA y que no podía creer porque tiene el tronco como un corcho, igual.

También planté un palo borracho de una semilla que trajo el viento y tuve un ciruelo y un limonero y creo que a veces hay comunidades de árboles que no tienen buena onda, es preferible evitarlos; también creo que se comunican entre si y que son bellos y que da gusto abrazarlos y que me gustaría que todos los niños pudieran jugar en los nudos de las raíces, en las ramas y en su sombra. La sombra de los árboles es uno de acontecimientos mágicos de la naturaleza. Solo hay que estar ahí un rato y observar como todo se transforma, se vuelve "casi" maravilloso. Debe ser por eso que aprovechando el crecimiento de la

ciudad de Buenos Aires, en cemento, hierro y smog, con el sostenido aumento de temperatura de los últimos años, provocando por ejemplo que ya no se sienta el invierno (¿cuántas veces se pusieron abrigo el invierno pasado?). Debe ser por eso, pienso, que el Gobierno de la Ciudad, envió cuadrillas que en forma fulminante talaron árboles en el barrio de Belgrano. Talaron, es decir exterminaron. Alguien de Espacios Verdes explicaba que eran peligrosos para estar en las calles, esos árboles centenarios, asombrados, indefensos, respiradores, son desde hoy un peligro para la gente, la ciudad, un BMW, un paraguas amarillo y el funcionario que se levantó estreñido y se cargó en el karma todos esos árboles de la madre que lo parió.

miércoles, febrero 15, 2006

JERZY GROTOWSKI




El de anteojos es Grotowski. El que lo acompaña en la primer foto con los parpados cargados es uno de los actores más increíbles de todos los tiempos, Ryszard Ciéslak. Juntos corroboraron el método de Stanislavsky y lo trascendieron creando un camino que le devuelve al teatro el riesgo auténtico del ritual.

No fumo pero...

Repentinamente tengo ganas de fumar un porro, no estoy deprimido, ni tengo una amigo que me deje un paquete con diez armados todas las semanas, como en una bella novela de Vila-Matas. Tampoco fumo, es decir, dejé de fumar tabaco y el pensar en fumar un porro se parece bastante a la tentación de caer de nuevo en manos del señor Malboro. No, no quiero, que se joda, que me joda. Punto. Tambien me quedo con las ganas de la mística, el comprar, conseguir, pedir...
Antes, hay mucho tiempo en ese antes, en el barrio estaba Willie. Era el tipico drogón, el tipo que vivía fumado, tenía de todo, era a quien le decías que querías probar y el tipo te enseñaba ceremoniosamente . Valía la pena era como el brujo, el hechizero, el compañero del viaje, te cuidaba, te daba buen faso, no te quemaba la cabeza.
Esa es la diferencia con los seudo dealer que veo en mi esquina. Decadentes emulos de chicos blancos de barrio duro como en alguna película vieja.
Esos tipos no saben como cuidarte sino que solo quieren tu dinero. Cero calidad, fumás veneno. No hay hechizero, solo tranza, mala tranza, permitida por la comisaría del barrio, por algun juez, etc. etc.
Me gustaría fumar, De Niro, pero no voy a salir a comprarle a esos pendejos, y me estoy volviendo melancólico pensando en los Willie y en los pibes que tienen que comprar mierda, sin ritual, sin magia, sin Michaux, sin Rimbaud, sin bellos recuerdos.